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agosto 24, 2015

Más que un juego de muñecas


Cuando pienso en el momento que tenga que hablarle de sexo a mi hija, lo cual será en un buen par de años porque tiene 5 ahora, me deja la piel de gallina...y entre más lo pienso creo que la gallina soy yo. Si, si, oigo el cloquear de la gallina en mi mente. Estoy segura que no soy la única a la cual le aterra la idea, por mucho que sabemos que es una conversación necesaria.

Toda esa piel de gallina empezó porque en mi Facebook apareció un artículo de periódico con el título "Una joven mirada a lo que es ser padres" y pensé que era sobre crianza, hasta que vi la foto de una niña en uniforme escolar.

Descubrí que el tema realmente era pedagogía y hablaba sobre el plan de educación sexual del Colegio María Inmaculada. Sentí curiosidad de enterarme cómo estaban llevando a cabo esta "educación sexual" siendo un colegio católico (todos sabemos los tabúes en el tema por parte de la Iglesia) y porque la verdad, lo que me vino a la mente eran las diapositivas arcaicas del pene y la vulva... de esas lecciones que eran "camuflageadas" en las clases de biología o del estudio del cuerpo humano y su sistema reproductor. 

Tras leer detenidamente, varias cosas me quedaron claras: es innegable que los tiempos cambian, y las estadísticas no mienten. El aumento de la taza de embarazos en niñas y adolescentes requiere de otro método de enseñanza preventiva. Y la labor no es fácil cuando por MTV salen chiquillas en "16 and Pregnant" pasando del anonimato a "famosas" de la noche a la mañana. Falsa fama porque, honestamente, no es que la pasan bien. Pero la mente adolescente no procesa que están pasando trabajo a consecuencia de sus actos, sólo ven que esos chicos están en MTV.

El programa del Colegio María Inmaculada se llama, "¿Bebé?, Piénsalo bien"...buen nombre. Según el artículo "el programa es una propuesta pedagógica que tiene como objetivo que los y las adolescentes se enfoquen en la realidad que se enfrentan al ser padre o madre. La psicóloga orientadora, Varlenys Lima, señaló que enseñar educación sexual es más que explicar la parte científica, y que se requiere de programas integrales que ayuden en la toma de decisiones. 'Tenemos diversas temáticas de sexualidad integral que incluye, prevención de embarazo, desarrollo del bebé, paso a paso, parto natural, cesárea y simulación de madre y padre'."

Para vivir la experiencia de ser padres adolescentes los alumnos se llevan a casa un Bebé RealCare. Y déjenme decirles que debe hasta ponerlos nerviosos...al azar se decide si será en pareja o madre soltera. Se les cita a la oficina de Orientación y allí empieza el proceso. Tal cual como en la vida real, deben hacer el papeleo legal de certificado de nacimiento y firmar como responsables de esta nueva vida. El Bebé RealCare, está diseñado para dar una experiencia real... Llora de día o de noche como cualquier bebé, esto quiere decir que los chicos deben identificar la necesidad del bebé, bien sea de alimentación, sacar gases, mecida o cambio de pañal. Detecta si tiene la ropa adecuada para la temperatura del ambiente, registra el tiempo que ha estado acostado, acunado o en movimiento...impresionante, ¿verdad? El computador interno provee un informe detallado acerca del cuidado y de allí sale la evaluación de los alumnos.

En el artículo una alumna, al ser entrevistada dijo: "Estoy algo nerviosa, a una compañera se le murió el bebé. Dicen que lloran bastante, y a veces uno no sabe qué es lo que quiere". 


Al leer esa frase, lo sentí...¿y ustedes? Casi pude oír y sentir en su voz la clara incertidumbre de esta chica al entender que no se siente apta para este reto. Parece que la lección puede quedar implantada en estos jóvenes cerebros. Sólo podemos esperar que a raíz de cuidar a un muñeco electrónico, la próxima vez que su novio le diga que porque no tienen sexo, ella pueda revivir esa incertidumbre y pensarlo dos veces. Tal vez, la semilla quede sembrada en su razonamiento y entienda que un desliz se puede convertir en el mayor reto de su vida y que no sabrá como enfrentarlo.

Quiero aprovechar ahora para recordarme a mi misma, y si me lo permiten a ustedes, que para que el momento de la piel de gallina sea más tolerable, debemos labrarnos el camino primero. Debemos siempre comunicarnos con nuestros hijos desde muy pequeños. Oír todo lo que quieran contar: desde lo más pequeño hasta lo más importante con atención y amor. Para que cuando realmente necesitemos que ellos nos escuchen, sepan que nuestras palabras son sinceras y vienen de las personas en las que pueden confiar, personas que no le dirá verdades a medias. Somos nosotros los primeros educadores y ese privilegio nunca lo debemos perder.

Un abrazo a todos,







agosto 12, 2015

Cuando se daña la leche... un vistazo a nosotras mismas.

¡Wao, tengo rato de no escribir! Qué extraña sensación, porque todo el tiempo tengo estas conversaciones en mi cabeza...debates interminables conmigo misma acerca de todo lo que oigo, leo o vivo a diario.

Hay un tema que no he logrado sacar a flote desde hace un buen rato y es el tema de la lactancia materna... Ojo, no voy a predicarles las cosas que ya sabemos y que son comprobadas de generación en generación por la práctica y por amplios estudios científicos. Todos sabemos sus bondades y su vital importancia. Pero, de lo que sí quiero hablar es de como hemos dañado la leche. Sí, así mismo.

No sé si soy yo sola, lo cual puede ser porque vivo pegada a las redes sociales, las revistas y libros de este tema que tanto me apasiona: crianza, embarazo, maternidad, etc...Siento que en el afán de promover la lactancia materna algunos han caído en el juego de "lo mío es mejor que lo tuyo". ¿No lo sienten así a veces? Es una sensación de que pude dar pecho por un año entero, en todo momento y en todo lugar, lo hice mal. O peor aún no fui lo suficientemente comprometida con mi hija.

Repito, puede ser que sea yo, simplemente porque estoy expuesta a estos temas. Pero, ¿y si no soy yo sola? Y si en vez de "empoderamiento" caemos en "avergonzamiento" (estoy consciente que creo que acabo de inventar esa palabra). ¿Será este el real mensaje que queremos darnos unas a las otras? Queremos darnos aliento y apoyo o queremos que las demás actúen como nosotras consideramos que deben hacerse las cosas.

Las fotos que inundan nuestras redes sociales de las madres dando pecho en el bus, en la banca del parque y hasta en la asamblea de las Naciones Unidas y que son usadas para decirnos que esto es lo correcto, ¿cómo hacen sentir a la que no pudo? Recuerdo que una vez comenté en una red social sobre cómo me fue a mi tras leer un post sobre la lactancia materna y las respuestas no se hicieron esperar: que yo era un caso muy raro, que tal vez no tuve paciencia o que no me guiaron bien. Peor me sentí : (

Para hacerles el cuento corto, solo pude dar pecho 1 mes. Y sí lo hice a libre demanda, y sí me sentaba yo misma a tratar por horas, y sí usé la ordeñadora para estimular producción. Pero cuando mi hija solo vomitaba lo que le daba, tenía dolorosos cólicos y diarrea, entendí que algo estaba mal. Y así fue: era alérgica a la proteína láctea. Primero pasé por una dieta de eliminación de alimentos que me dejó más flaca que antes de embarazarme y luego probamos leche deslactosada y de soya sin éxito. Mi hija o tomaba fórmula especial o empezaría a bajar de peso drásticamente. En ese momento pecho fuera y venga el biberón. Y cuando a veces cuento esto hay quienes me dicen, si a mi también me pasó.

Entonces comprendí que están las que optan por el biberón por situaciones variadas y que no es un crimen. Es simplemente una decisión y ya. No hay que voltearse a decir que lo hizo mal o que seguro no se quería trasnochar. La vida entera está compuesta de tomar decisiones desde la más sencilla como me recojo o no el cabello hasta desconectar el soporte de vida de un familiar enfermo. Y es verdad que siempre hay esa pequeña tela de duda de si estamos haciendo lo correcto, pero ¿quienes somos para señalar esa duda en los otros? Es allí en ese punto donde la leche se daña.

Y no sólo con la leche...a veces sentimos esas miradas de desaprobación cuando decimos que no lo dejamos que llore de noche, o cuando les damos soda con chocolate, o cuando decimos que no nos molesta que duerma en la cama con nosotros.



¿No sería más "empoderante" ser mujeres unidas en todo? No es mejor lección para todos decir: "mi amiga práctica colecho, aunque yo no lo haría, pero la respeto por eso"? No ayudaría más decir: "y si mi amiga algún día decide que ya es hora de que su hijo vaya a su propia cama, aquí estaré para ayudarla y aconsejarla en esa transición, en vez de decirle: ¿viste?, lo hubieras hecho desde el principio y no estarías a estas alturas en esto.

No sé ustedes, pero ya el juego de "mi comida orgánica es mejor que la tuya de lata", "mi parto de agua me dio una conexión con mi hijo más fuerte que la tuya de cesárea", "tu hijo es enfermizo seguro porque le diste formula"... ese juego de juzgarnos entre nosotras me tiene aburrida. Y no se crean, yo misma he caído en eso a veces sin darme cuenta. Pero tenemos que decidir que conscientemente no lo haremos más. Tenemos es que unirnos en una gran alianza materna, una que nos permita alimentarnos de las experiencias de cada una, que nos permita ser individuales y que no permita apoyarnos sin ser juzgadas. La mujer ha avanzado en tantos ámbitos, que la crianza de los hijos no debe ser un punto discrepante, debe ser un punto de fuerza.

Aquí les dejo este video que me encanta y que resume de manera maravillosa lo que he querido transmitirles en este escrito. Debemos ser: The Sisterhood of Motherhood... es decir, La Hermandad de la Maternidad.




Un abrazo,

diciembre 31, 2014

Adiós 2014



Después de mucho tiempo sin escribir, pensé apropiado que el último día del año fuese el día para hacerlo. Siento una atracción magnética hacia las teclas en estos momentos... como todos, los últimos días del año lo he pasado en una licuadora de actividades y emociones.

En el trabajo, he estado tratando de cerrar el año lo más organizada posible, lo cual en realidad es virtualmente imposible porque siempre pasa algo, ¡que viva el retail! Cumplo exactamente 1 año de haber decidido reincorporarme a la masa de personas que van a diario a una oficina y debo decir, que dejar mi pequeña oficina en casa y a mi hija, en principio fue logísticamente difícil y emocionalmente melancólico, pero con el correr del calendario logré un balance semi-estable y aprendí a disfrutar de esta nueva experiencia. El tiempo para mi misma y para mi familia se redujo drásticamente pero aprendí el arte de la calidad del tiempo y el poder de un fin de semana sin planes solamente estando en pijama. Encontré nuevos amigos, me enamoré del retail, me estresé hasta el estado catatónico (bueno, así se sintió), aprendí, me equivoqué y fijé metas. En la balanza y en introspectiva, mi decisión de trabajar fuera de casa enriqueció mi vida.

En lo personal, el año resulto esquivo y travieso. Decidió complicarme físicamente para hacer las cosas más interesantes. Después de sufrir de dolores inexplicables por ya varios años, el 2014 me regaló una definición... o eso pensamos. Padezco de algo que debilita mis extremidades y su energía. Hay días donde cargar una bolsa con compras duele, hay días en los que no entiendo como mi cuerpo simplemente dejó de ser el que siempre conocí, hay días que debo saber que ropa ponerme para que no me molesten las piernas o los brazos y... hay días perfectos. Cargar un pastillero y visitar la farmacia más que el supermercado es rutina. Como todo en la vida, si miras bien, puedes hasta en el más árido desierto descubrir un oasis. Aprendí que hay fortaleza en el dolor, que siempre te puedes levantar si lo decides. También aprendí a decir que no... y se que suena mal y egoísta, pero mi condición me obligó a entender que la diferencia entre un día con dolor y uno sana, es decir que no. A veces en la vida deseamos hacer más y más, porque todo es tan rápido y queremos hacerlo todo. Sé que en el camino he dejado de hacer cosas y que he dejado de estar presente en otras, pero ha sido la única forma de poder estar presente para mi hija y esposo a diario, lo demás...simplemente queda para balancearlo como acto de circo. Aunque suena más malo que bueno, más trágico que alentador, me reencontré con la fuerza interior que no creí quedaba dentro de mi. Ya venía de un 2013 complicado con mi esposo operado del corazón y recibiendo tratamiento médico intenso por mucho tiempo. Y aún así, allí está... puede disminuirse al punto de pensar que se ha desvanecido, puede no manifestarse con toda intensidad pero sigue allí, mi fuerza interior y sólo puedo pensar que viene de D"s. El me la envía en las pequeñas cosas...Regresa a mi cuando río con mi hija, se recarga cuando en casa de noche nos abrazamos y nos decimos que nos amamos, se afianza cuando aún con dolor me levanté y salí de mi casa.

Mi otro yo (la Mommy List), encontró un espacio maravilloso en Instagram en el 2014. Lo que inicié simplemente por seguir haciendo lo que me gusta de una manera más rápida e inmediata (con mi nuevo trabajo el tiempo era escaso), se convirtió en un espacio maravilloso y en la oportunidad de seguir apasionada. Encontré a otras mamás como yo, que comparten sus consejos, sus vivencias y su conocimiento. Sigo maravillada en ver como nos unimos sin vernos, sin concernos y estando lejos unidas solamente por una pantalla. Es un poder concentrado...el poder de las madres de ayudar, cambiar y formar el futuro de nuestro hijos y por consecuente, del mundo. Siempre se ha dicho que la esperanza del mundo son los niños y detrás de ellos estamos los padres. Es por ello que sigo apostando por ese pequeño espacio cibernético donde me uno con otros padres. Apuesto por mi hija y por los demás niños. Apuesto por todas las madres que no siempre hacemos las cosas bien, pero las hacemos con amor.

Y así cierra mi año, con altas y bajas como todos. ¿Pero saben que es lo bueno, lo mejor? Que se nos regala la oportunidad de otro año. 365 días para volverlo a hacer... volver a intentar lo que hicimos mal, mejorar lo que quedó a medias, perfeccionar lo que hicimos bien e intentar lo que ni siquiera concebimos.

Eso es lo más grande, la esperanza de una nueva oportunidad... no importa si lo haces mal, bien, regular o perfecto... no dejes de tomar la oportunidad. Tómala, es tuya para hacer algo de ella.

Feliz Año Nuevo!

xoxo







noviembre 13, 2013

Abajo la Reina!


Recordarán que anteriormente estuve platicándoles sobre el lloriqueo, conducta que ha logrado sacarme uno que otro grito (y cana) más a menudo de lo que quisiera admitir y que poco a poco ese terminó convirtiéndose en mi estilo de disciplinar. Vuelvo y repito, ninguna mamá es perfecta, y todas vamos aprendiendo sobre la marcha...sin importar si tienes uno o cuatro hijos, porque cada hijo es diferente.  

Pronto me encontré en un callejón sin salida, enojándome casi a diario por los lloriqueos constantes y otras conductas por corregir propias de los niños de 3 años. Hasta que decidí realizar mi propio plan de acción. Compré tres libros para padres de "toddlers" y empecé a preparar mi estrategia. Según todo lo que leí, el lloriqueo es solo una fase (que se oiga: ¡Aleluya!) y cómo yo respondiera a eso y a otras cosas era crucial.

En el caso del lloriqueo, lo primero era detectar qué lo provocaba. Al trabajar desde casa, se me hace más fácil observar las cosas que disparan los lloriqueos y gritos de mi hija. Después de mirar en silencio varios episodios (evitando halarme los cabellos) llegué a la conclusión, de que en el caso de ella, esa es su forma de expresar frustración por algo que le sale mal como ponerse un zapato.

El segundo punto de mi plan fue más complicado pues debía decidir entre 2 opciones: ignorar la conducta o aplacarla de una vez. Y tal como dice el refrán: "escoge tus batallas". Si tu hijo grita cada vez que prendes la televisión, por ejemplo, definitivamente ignóralo. Pero si le dices que no toque la tijera y va directo a retarte, pon un alto.

Entre lo que leí, me pareció muy interesante aprender que los niños a partir de los 6 meses de edad, son capaces de entender si se les reprende. Lo que puede variar de niño en niño, es el método que utilizarás para hacer llegar tu mensaje. Hace tiempo traté el famoso "time out", y qué va, eso no era para ella. Nunca se calmó lo suficiente como para poder explicarle por qué estaba en la silla o cualquier cosa parecida.

Luego traté el sistema de "recompensa", "reward" o "positive reinforcement". (Hago un paréntesis para suplicarles que NO den como recompensa postres o cosas materiales porque después lo esperan por cualquier mínima cosa y están es trabajando por algo material en retorno.) Inventamos el "sello y si" y el "sello y no". Que simplemente consiste en que al final del día o en un momento crítico, yo la evalúo. Resultó ser, que ella responde a este sistema de puntuación como si fuese una cuestión de orgullo o de satisfacción pues se siente que logró algo importante, algo que la acerca más a ser niña grande. Sus recompensas por una semana de buena conducta han sido alquilar una película, ir al parque y comer raspao' y también ir a jugar donde su prima...como les dije, cosas que no son materiales pero que a esa edad son fiesta total. 

Otra cosa que pude observar, era que a mi hija lo que le gusta es ser escuchada (aparentemente tiene mucho qué decir jajajajaja!). Muchos niños recurren a conductas indeseables sólo por llamar la atención. Y es que imagínense: te dicen cómo vestirte, a que hora te levantas, a que hora duermes, a que hora comes...lo mínimo es que puedas expresarte de vez en cuando. Cuando empecé a escucharla más, se calmaron las aguas. Cómo cambio su pequeño temperamento napoleónico. A veces sólo quieren decir algo corto, a veces algo largo. Lo importante es escucharles porque les brinda una sensación de aceptación y de relevancia...algo que hasta muchos adultos buscan a diario.

No importa la conducta que deseen corregir, lo indispensable es amoldar tu estilo de disciplinar a tu hijo... por que si no, terminarás gritando a diario descabelladamente sin resultados (en mi caso, conocida como la reina de los gritos). Te recomiendo leas el libro Toddler 411 de Denise Fields y Ari Brown qué fue mi biblia de referencia en este experimento.

Suerte y abajo la reina!
xoxo
Yani


septiembre 26, 2013

La Reina de los Gritos y la Princesa del Lloriqueo - Parte 1


Mato por ser de las bloggers que tienen un horario fijo y que tiene el post programado a la misma hora y el mismo día...pero, más que estar enfocada en un horario me gusta "bloggear" bajo la premisa de que: primero, debo investigar y leer sobre el tema; segundo, no hacer "copy y paste" (me rehuso) y por último: debo tener una opinión, un consejo o una idea para compartir y eso toma tiempo.

Realicé una breve encuesta sobre varios temas que estaban en mi lista y noté que en particular este tema tocaba un nervio, me puse a leer, a conversar con otras mamás (hasta con la mía) y pude notar que "el lloriqueo" es un tema extenso (tanto que dividí el post en 2 partes). 

Conocido también como quejadera, lloradera o whining, esta es una etapa que toda madre ha tenido que ponerse con nervios de acero. Este método de comunicación suena en mis oídos igual que Janice, la novia de Chandler en Friends (si la recuerdas sabes a lo que me refiero). Es una forma de hablar quejumbrosa, mitad actuada-mitad real, una tortura que puede hacer hasta a un veterano de guerra doblarse como papel. Usualmente aparece entre los 3 y 4 años, aunque puede hacer su debut antes, como también puede durar incluso más allá de los 4 años dependiendo de la destreza de comunicación del niño. Acá en mi casa, estamos en pleno pico con mi hija de 3 años y 4 meses.

El motor detrás del lloriqueo son las emociones, no hacernos miserables como pensamos los padres. La frustración ante una situación o la inhabilidad de expresarse vocalmente son las principales causas. Recordemos que a las edades de 2, 3 y hasta 4 años ellos aún no saben manejar sus emociones como nosotros y las mismas salen emitidas en ese vocabulario llorado. Luego vienen las demás causas: hambre, sueño, ambientes ruidosos e incluso falta de atención.

A veces el lloriqueo nos lo buscamos nosotros (sí, así como lo leen). Sabes que tienes a tu hijo o hija en el carro a punto del aburrimiento total o del sueño y decides hacer una rápida parada en la farmacia y cuando estás pagando se forma el lloriqueo porque en el carro se quedó su peluche, el cual no lo había volteado a ver en horas. ¿Buscado? Claro que sí. El agotamiento, el hambre o las ganas de llegar a casa lo puso de mal humor y no sabe como decírtelo ni como hacer para que ese sentimiento cambie. Tú concepto de "parada rápida" no resultó ser la misma que la de tu hijo.

Una de las consecuencias del lloriqueo son los berrinches, que a mi forma de verlo, es el siguiente escalón del lloriqueo. Por lo tanto, creo importante detenerlo a tiempo antes de tener que llamar a la Nanny McPhee porque ya simplemente todo está fuera de control.

Ya sé, hasta ahora todo ha sonado feo, pero según la mayoría de los expertos, somos nosotros los padres los que tenemos el poder para contener, controlar y finalmente desaparecer este hábito. Y además es una etapa por la que todos pasan y rara vez se observa en niños de edad escolar. Así que manos a la obra que hay esperanza y estudiemos los tips de expertos y uno mío para que la hora del lloriqueo no se convierta en batalla de máscara contra cabellera. (!!!!)




Ahora se preguntarán, ¿por qué este título, la reina de lo gritos, si estamos hablando del lloriqueo? Al caer en la trampa del lloriqueo y otras conductas, muchas veces he terminado luciendo la corona de "mamá gritona". Las madres somos humanas y por más que sabemos que gritar en realidad no cambia conductas ni enseña lecciones de vida, se nos escapa de las manos. Son esos momento cuando simplemente no estamos con la mente fresca y damos uno o dos gritos para poner un alto. En la segunda parte les hablaré de como mejorar esta y otras situaciones sin gritar (porque ninguna quiere ser la mamá gritona-gruñona).

Suerte! xoxo
Yani